Durante siglos, la biología describió la vida como una colección de individuos separados, cada uno con sus propios límites y funciones. Sin embargo, debajo de esa aparente independencia, la naturaleza siempre escondió una serie de alianzas silenciosas. Desde los líquenes, extrañas mezclas de hongos y algas que crecen sobre las rocas y árboles, hasta las raíces de las plantas y los intestinos de los animales, la vida se ha tejido a partir de asociaciones. Aun así, la ciencia tardó mucho en reconocerlo. Fue hasta bien entrado el siglo XX cuando la bióloga estadounidense Lynn Margulis desafió la idea del individuo autosuficiente. Su trabajo sobre la simbiosis y la endosimbiosis seriada reveló que los grandes cambios evolutivos podían surgir de la cooperación entre especies. En ese contexto, Margulis propuso una palabra nueva y poderosa: holobionte, un término que significa literalmente “ser vivo completo”. Con éste nombre quiso expresar que ningún organismo está solo, que cada ser es, en realidad, una comunidad de vidas que conviven y prosperan juntas.
Hoy, esa visión ha cambiado profundamente nuestra manera de entender la biología. El concepto de holobionte describe al conjunto formado por un organismo y todos los microorganismos que habitan en él: bacterias, hongos, arqueas, virus y otros compañeros diminutos que participan en su equilibrio. Estos socios invisibles determinan aspectos esenciales de la existencia, desde la digestión y la inmunidad hasta la capacidad de adaptarse al entorno. En el mar, en los bosques o dentro de nuestro propio cuerpo, cada forma de vida funciona como una red simbiótica. La biología moderna ha comenzado a ver en los holobiontes no solo sistemas ecológicos interdependientes, sino también posibles unidades evolutivas, donde la selección actúa sobre el conjunto y no sobre las partes aisladas. Comprender esto nos obliga a replantear una idea antigua: tal vez la vida no se trate de competir, sino de coexistir.
Nuestro viaje de hoy nos llevará a mirar la vida desde otro ángulo, desde ese lugar donde los límites del “yo” se vuelven difusos, y trataremos de profundizar en el hecho de que ningún ser está realmente solo, que todo organismo es en realidad una comunidad en movimiento. Los holobiontes hoy nos invitan a entender la existencia no como una lucha entre individuos, sino como una red de colaboraciones invisibles que hacen posible cada respiración, cada hoja, cada pensamiento. Comprenderlos es aprender que la vida, en su forma más profunda, siempre se conjuga en plural.
othopux – Epic Oddisey
Inspiritana music by Cale Alit - Persian Santoor
8 BITS Music - Ringo Starr - Here's To The Nights Chiptune version
Ringo Starr - Wrack My Brain
https://journals.plos.org/plosbiology/article?id=10.1371%2Fjournal.pbio.1002226
https://doi.org/10.1186/s13073-016-0303-2
https://works.swarthmore.edu/fac-biology/165/
https://doi.org/10.3390/microorganisms12112333
https://www.redalyc.org/pdf/414/41438646008.pdf
https://www.researchgate.net/publication/225360062_Size_Doesn't_Matter_Towards_a_More_Inclusive_Philosophy_of_Biology
https://doi.org/10.1186/s40168-019-0776-5
https://doi.org/10.1128/mbio.01395-15
https://doi.org/10.1186/s40168-019-0619-4
https://doi.org/10.1007/s12064-018-0268-3
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5310625
https://doi.org/10.1111/j.1574-6976.2008.00123.x