miércoles, 21 de enero de 2026

El silencio y la palabra, una singularidad en el código genético

El código genético es uno de los conceptos más centrales de la biología moderna porque establece la forma en que la información hereditaria se transforma en materia viva. A través de este sistema, las instrucciones almacenadas en el ADN y el ARN se traducen en proteínas, las moléculas que realizan casi todas las funciones dentro de la célula. Durante décadas, el código genético se presentó como un conjunto de reglas claras y estables, en el que cada codón tenía un significado preciso y universal. Esta aparente simplicidad permitió entender cómo pequeñas variaciones en la información genética podían producir cambios en la estructura y función de las proteínas, sentando las bases de la genética, la biotecnología y la medicina molecular. Además, la notable conservación del código genético entre organismos muy distintos reforzó la idea de un origen común de la vida y convirtió a este sistema en uno de los mejores ejemplos de continuidad evolutiva. Sin embargo, esta visión también llevó a pensar que el código genético era rígido e inmutable, una especie de lenguaje perfecto que no admitía ambigüedades. Solo con el paso del tiempo comenzaron a aparecer excepciones que obligaron a cuestionar esa idea y a reconocer que, incluso en los principios más básicos de la biología, existe un margen para la flexibilidad y la adaptación.

En este contexto, el estudio realizado por Shalvarjian y colaboradores representa una singularidad notable dentro de la biología molecular. Publicado en la revista PNAS, este trabajo se centra en la arquea metanogénica Methanosarcina acetivorans y en un fenómeno que desafía la idea clásica de un código genético rígido. Los autores muestran que en este microorganismo el codón UAG, tradicionalmente considerado una señal de parada, puede tener un doble significado funcional: detener la síntesis de una proteína o permitir la incorporación del aminoácido pirrolisina. Lo más llamativo es que esta ambigüedad no está controlada por un mecanismo especializado y estricto, como ocurre en otros casos conocidos, sino que es tolerada y regulada de manera indirecta por la propia fisiología celular. Este hallazgo convierte al estudio en un ejemplo excepcional de cómo la vida puede operar en los márgenes de sus propias reglas, mostrando que la ambigüedad genética no siempre es un error, sino que puede ser una estrategia estable y funcional. En ese sentido, el trabajo de Shalvarjian et al. no solo amplía nuestro conocimiento sobre un organismo particular, sino que invita a repensar la naturaleza misma del código genético.

Música

Epic Music World - Ruben K & Lara Ausensi‬ - Sands Of Valhalla ‪
Cale Alit  -  Persian Santoor - Healing Music For Inspiration & Meditation
8 Bit Universe - Pour Some Sugar On Me [8 Bit Tribute to Def Leppard] 
Soft Cell – Tainted Love

Enlaces

K.E. Shalvarjian,G.L. Chadwick,P.I. Pérez,P.H. Woods,V.J. Orphan, & D.D. Nayak.   (2025). Methanogenic archaea encoding Pyrrolysine maintain ambiguous amber codon usage, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 122 (45) e2517473122.  Disponible en:
https://doi.org/10.1073/pnas.251747312 

Para leer más 

Gong, X., Zhang, H., Shen, Y., & Fu, X. (2023). Update of the Pyrrolysyl-tRNA Synthetase/tRNAPyl Pair and Derivatives for Genetic Code Expansion. Journal of bacteriology, 205(2), e0038522. Disponible en: https://doi.org/10.1128/jb.00385-22 

Li, J., Kang, P.T., Jiang, R. et al. (2023).  Insights into pyrrolysine function from structures of a trimethylamine methyltransferase and its corrinoid protein complex. Commun Biol 6, 54  Disponible en:  https://doi.org/10.1038/s42003-022-04397-3 

D.G. Longstaff, R.C. Larue, J.E. Faust, A. Mahapatra, L. Zhang, K.B. Green-Church, & J.A. Krzycki. (2007). A natural genetic code expansion cassette enables transmissible biosynthesis and genetic encoding of pyrrolysine, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 104 (3) 1021-1026.  Disponible en:
Lukeš, J., Eliáš, M., Kachale, A., van der Gulik, P. T. S., & Speijer, D. (2025). Natural and artificial variations of the standard genetic code. Current biology : CB, 35(22), R1104–R1126.
Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.cub.2025.09.071 

Pánek, T., Žihala, D., Sokol, M., Derelle, R., Klimeš, V., Hradilová, M., Zadrobílková, E., Susko, E., Roger, A. J., Čepička, I., & Eliáš, M. (2017). Nuclear genetic codes with a different meaning of the UAG and the UAA codon. BMC biology, 15(1), 8.  Disponible en:
https://doi.org/10.1186/s12915-017-0353-y 

Peiter N., Rother M.  (2022).  SECIS-dependent selenocysteine translation in Archaea. Life Science Alliance, 6 (1) e202201676.  Disponible en:  
https://www.life-science-alliance.org/content/lsa/6/1/e202201676.full.pdf

Xian Fu, Dieter Söll & Anastasia Sevostyanova (2018) Challenges of site-specific selenocysteine incorporation into proteins by Escherichia coli , RNA Biology, 15:4-5, 461-470. Disponible en:


martes, 23 de diciembre de 2025

La primera noche compartida: fuego y memoria en el mundo neandertal


La idea de este episodio nació a partir de la lectura de un artículo científico publicado el pasado 10 de diciembre de 2025 en la revista Nature, titulado “La evidencia más temprana de hacer fuego”, por parte de un equipo internacional de arqueólogos y paleoantropólogos encabezado por Rob Davis del Museo Británico, Marcus Hatch de la Universidad Queen Mary de Londres y Sally Hoare de la Universidad de Liverpool, en el cual presentan la evidencia más antigua conocida de producción deliberada de fuego por parte de homininos a partir de hallazgos en la localidad de Barnham, Suffolk, Inglaterra.   Más allá del dato técnico —la percusión de minerales, las huellas térmicas, los contextos arqueológicos— el trabajo invita a una reflexión más amplia: el fuego no es solo una tecnología, sino una frontera. Una frontera entre depender del azar o del entorno, y comenzar a intervenir activamente en él. Leer ese estudio no solo aporta información nueva sobre el pasado profundo, sino que obliga a replantear qué significó, en términos humanos, aprender a “llamar” al fuego.

A partir de esa pregunta —qué cambia cuando el fuego deja de ser un accidente y se vuelve un gesto aprendido— surgió la necesidad de explorar el tema desde otro registro. No para explicar los datos del artículo, sino para pensar en las personas detrás de esos datos: grupos humanos enfrentados al frío, a la pérdida, a la incertidumbre, y obligados a construir sentido en un mundo hostil. El relato que sigue no es una reconstrucción histórica ni una hipótesis científica, sino una pequeña obra literaria original de ficción, que está anclada en lo que hoy sabemos sobre los neandertales y su relación con el fuego. Una forma de acercarnos, desde la imaginación informada, a una de las experiencias más decisivas de nuestra historia como especie.  

Desde tiempos muy antiguos, muchas culturas han contado historias sobre un fuego que no estaba dado, sino que fue obtenido, robado o entregado tras un acto de riesgo.  Ese motivo —presente en mitos muy distintos entre sí— no habla solo del origen de una técnica, sino de algo más profundo: la experiencia humana de atravesar la oscuridad y asegurar la continuidad del grupo. En pleno invierno, cuando la noche se alarga y el frío obliga a reunirse, el fuego se convierte en más que calor: es centro, memoria y promesa de supervivencia. Celebraciones actuales como la Navidad, con su énfasis en la luz en medio de la oscuridad, la reunión familiar y el recuerdo de los ausentes, no descienden directamente de esos mitos antiguos, pero dialogan con la misma necesidad humana recurrente. Este episodio se sitúa en ese cruce: entre ciencia, mito y memoria, aprovechando un momento del año que sigue recordándonos por qué encender una llama —real o simbólica— nunca ha sido un gesto trivial.

Es probable que nunca lleguemos a conocer las palabras específicas con las que los neandertales nombraron el fuego, el viento o a los animales que compartieron su entorno. Tampoco podemos reconstruir con precisión los relatos que transmitieron ni el significado consciente que atribuían a ciertos gestos repetidos. Sin embargo, la evidencia disponible permite afirmar que, frente a condiciones ambientales adversas, estos grupos humanos se reunían alrededor del fuego, compartían recursos, cuidaban a individuos vulnerables y mantenían vínculos sociales con quienes habían muerto. En ese conjunto de prácticas —el control del fuego, la cohesión del grupo y la preservación de la memoria social— se reconoce un patrón profundamente humano, observable a lo largo del tiempo y del registro arqueológico. Antes de los sistemas simbólicos formalizados y de los calendarios, ya existía la necesidad de luz en la oscuridad, de calor frente al frío y de continuidad frente a la pérdida. Es en ese terreno común donde el pasado profundo y el presente se encuentran.


Antes de los calendarios.
Antes de los dioses.
Antes de las fechas.
Los humanos ya se reunían alrededor del fuego
para no morir de frío
y para no olvidar a los suyos.
Eso es lo que sabemos.
Eso es lo que imaginamos.


Música del capítulo


Dead Can Dance - Nierika 
Music For - Slow Shamanic Drums - Grounding to Mother Gaia
Paleowolf - Eternity in Winter / Ethereal Norse Ambient
Chefelf - White Christmas (8bit)
Queensrÿche - White Christmas  

Enlaces

Davis, R., Hatch, M., Hoare, S. et al. (2025). Earliest evidence of making fire. Nature.  Disponible en:

jueves, 18 de diciembre de 2025

Recordando a Theodosius Dobzhansky a 50 años de su muerte

Theodosius Dobzhansky, fue una de las figuras más importantes en la biología en el siglo XX. Nacido en 1900 en la actual Ucrania, y formado inicialmente en el ambiente científico ruso, emigró hacia los Estados Unidos en 1927 para integrarse en el laboratorio de Thomas Hunt Morgan, que en ese momento era el epicentro mundial de la genética experimental. Allí, trabajando con la mosca de la fruta, Drosophila, desarrolló las ideas que lo convertirían en un pilar de la síntesis moderna de la evolución.   Antes de Dobzhansky, la biología evolutiva era un mosaico de enfoques separados: los naturalistas y los paleontólogos describían la evolución desde una perspectiva macroscópica, mientras que los genetistas estudiaban mutaciones y herencia pero sin un marco unificador. Dobzhansky fue quien articuló una visión coherente que integraba ambos mundos. 

Su libro de 1937 Genetics and the Origin of Species, demostró que los mecanismos propios del enfoque genético como  la variación, la mutación, la recombinación y que las fuerzas como la selección natural, la deriva genética y el flujo génico, eran suficientes para explicar la adaptación y la especiación en poblaciones reales. Con ello, no solo fundó la genética de poblaciones moderna, sino que estableció una base sólida para comprender cómo cambian las especies a lo largo del tiempo.  Su trabajo transformó la investigación evolutiva al pasar del laboratorio a la naturaleza: Dobzhansky estudió poblaciones silvestres de Drosophila y mostró que esta especia poseía una diversidad genética mucho más rica de lo que se creía, revelando que la evolución no es una reliquia del pasado, sino un proceso activo y continuo.

El impacto de Dobzhansky trascendió ampliamente el ámbito teórico. Su enfoque empírico y su insistencia en combinar genética, ecología y historia natural dieron forma a gran parte de la biología evolutiva contemporánea. Mostró cómo los factores ambientales modulan la eficiencia de los genes, también el cómo la adaptación es un diálogo permanente entre los organismos y su entorno, y además cómo la variación genética es el combustible indispensable de la selección natural. En su obra además, reflexionó con profundidad sobre la biología humana y las implicaciones culturales de la evolución, siempre combatiendo las ideas pseudocientíficas en torno al concepto de raza. Su célebre frase de 1973 “Nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución”, sintetiza su legado intelectual y se ha convertido en una de las afirmaciones más citadas en la historia de las ciencias de la vida. 

Hoy, muchas de las áreas más dinámicas de la investigación, como la genómica poblacional, la genética de la conservación, los estudios sobre adaptación rápida al cambio climático, la evolución de microorganismos y los virus, incluso la medicina personalizada, continúan construyéndose sobre los principios que él ayudó a formular. Dobzhansky no solo resolvió un problema histórico de integración en la biología: enseñó a generaciones enteras a pensar evolutivamente.  Su obra sigue viva porque sigue siendo útil, porque explica fenómenos actuales y porque ofrece un marco conceptual que permite entender desde los patrones globales de biodiversidad hasta las mutaciones que surgen en el interior de una célula. En la confluencia entre rigor experimental, reflexión filosófica y compromiso con la claridad científica, Dobzhansky dejó una huella que aún marca el camino de la biología moderna.

Hoy a 50 años de su muerte, nuestra máquina del tiempo nos permitirá hacer un viaje hasta la ciudad de Nemyriv, hacia los primeros días del siglo XX, donde podremos conocer de cerca su historia, y el legado científico que ha llegado hasta nosotros. 

Música del Capítulo

Zach Bjorklund - Land Of Brilliant Lights 
Dream Clinic - Lords Of Steel
Biorythmicbear - It's a Lo-Fi 8 Bit Christmas Medley
Sershen & Zaritskaya - All Alone On Christmas

Enlaces

Ayala, F.J. (1985). «Theodosius Dobzhansky». Biographical Memoirs of the National Academy of Sciences 55: 163-213. Disponible en:
https://web.archive.org/web/20240809165833/https://www.nasonline.org/wp-content/uploads/2024/06/dobzhansky-theodosius.pdf 

Barahona, A., & Ayala, F. J. (2005). Theodosius Dobzhansky's role in the emergence and institutionalization of genetics in Mexico. Genetics, 170(3), 981–987.  Disponible en:
https://doi.org/10.1093/genetics/170.3.981 

Brisco-Ford E.  1975. Theodosius Grigorievich Dobzhansky, 25 January 1900 - 18 December 1975. Biogr. Mems Fell. R. Soc. (23): 58–89. Disponible en:
Castro Moreno, J.A. (2013). ¿NADA EN BIOLOGÍA TIENE SENTIDO SI NO ES A LA LUZ DE LA EVOLUCIÓN? Ciência & Educação (Bauru), vol. 19, núm. 4, pp. 971-994 Disponible en:
http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=251029395012 

Kryzhanovska M.A., Z.M. Prokopiak H.M. Holinei. (2025). Theodosius Dobzhansky: his life and scholarly contributions. Faktori eksperimental noi evolucii organizmiv 36:168-173  Disponible en:
http://utgis.org.ua/journals/index.php/Faktory/article/view/1732 

Palamarchuk M. (2023).(Un)celebrated Ukrainians Who Changed the Course of History: Theodosius Dobzhansky. The latter-day Darwin from Nemirov.  Kyiv Post.  Disponible en:
https://www.kyivpost.com/post/18563 

Sydow, M.von. (2012). From Darwinian Metaphysics towards Understanding the Evolution of Evolutionary Mechanisms.  A Historical and Philosophical Analysis of Gene-Darwinism and Universal Darwinism. Disponible en:


lunes, 15 de diciembre de 2025

Australopithecus deyiremeda - dejando huellas en la tierra y sombras en las ramas

Yo fui Deyiremeda, pero me decían Deyi, un "pariente cercano" en lengua afar. Mi día empezaba al amanecer, con el sol que caia sobre la sabana y los bosquecillos. Caminaba balanceándome ligeramente, sintiendo la tierra bajo mis pies con dedos curvos y flexibles. A diferencia de mis vecinos, los afarensis, la familia de Lucy, que pisaban firmes en las llanuras abiertas comiendo hierbas y raíces de sabana, yo prefería los árboles. Mi pie tenía un pulgar que me resultaba ideal para agarrarme a ramas y escapar de los leopardos y otros grandes animales que nos cazaban. Allí en lo alto, recolectaba frutos, hojas tiernas y nueces de plantas, así como algunos insectos en las sombras frescas; mis dientes eran pequeños, con los caninos simples, estaban hechos para esa dieta basada en plantas, pero no para masticar cosas duras. 

Trepaba para descansar o huir, sintiendo el viento en mi pelaje, y en el suelo empujaba con el segundo dedo para equilibrar mi marcha entre cielo y tierra. Vivíamos cerca de los afarensis en Woranso-Mille, pero sin competir mucho: ellos en zonas abiertas con pastos, pero yo en los rincones más boscosos. Era una coexistencia pacífica en un mundo cambiante, donde el clima secaba los bosques y nos empujaba a adaptarnos.   Un día, un temblor marcó el fin de mi era. Millones de años después, mis huesos –como la mandíbula juvenil o mi pie parcial– fueron desenterrados por científicos, quienes analizaron los isótopos de carbono para confirmar mi dieta arbórea y mi pie para probar que la trepada persistía. Mi historia, se publicó en un artículo de Nature hacia finales de noviembre de 2025, y en el muestra que la evolución era un baile ramificado entre ramas y suelo, con primos como yo. Desde el pasado, les digo a Uds. que me escuchan, que miren atrás, ya que en mis pasos está el inicio de los suyos.

El descubrimientos de Lucy, el famoso esqueleto de Australopithecus afarensis hallado en 1974 por Donald Johanson, mostró que nuestros ancestros eran bípedos, con pies adaptados al suelo pero aún mantenían una morfología arbórea, y una dieta mixta con recursos disponibles tanto en los bosques como en las sabanas, permitiendo a la especie de Lucy adaptarse a los cambios climáticos. Pero Lucy y los suyos no estaban solos, en 2015 se propuso la existencia de otra especie: Australopithecus deyiremeda, que se encontró a unos 35 km de la localidad de Hadar.   Con esta propuesta, los científicos se tomaron las cosas con calma, ya que esta descripción se basaba en mandíbulas y dientes por lo cual en ese momento no hubo consenso total. Sus descubridores la vieron distinta de la especie de Lucy, ésto por sus dientes más pequeños y sus mandíbulas más robustas, sugiriendo con esto la existencia de unas diversidad homínida mayor a la que se esperaba. 

Los críticos, de forma coherente, cuestionaron la validez de Australopithecus deyiremeda, por las escasas muestras y también por la posible variaciones que se da de manera natural dentro de las especies, debatiendo con estos argumentos si ésta era una especie real o solo una forma de Australopithecus afarensis.  

Este estudio, que vamos a revisar el día de hoy describe 13 nuevos fósiles de Australopithecus deyiremeda en la localidad de Burtele, datados entre 3.59 y 3.33 millones de años y muestran que A. deyiremeda se puede diferenciar de manera válida y lo  comparan con otras especies como Ardipithecus ramidus y A. afarensis.  Este artículo valida la especie y pinta con esto un Plioceno africano más diverso, lo cual es importante porque influye en la forma en que hoy vemos nuestra evolución. 


Música del capítulo

Melodic Music Extension - John Williams - Carol of the Bells Extended
Futurescapes - Sci Fi Ambience - The Spire: Dark Atmospheric Sci Fi Ambient Music 
8 Bit Universe - All I Want for Christmas Is You (8-Bit Version)
8 Bit Universe - Sleigh Ride (8-Bit Version)
Shakin’ Stevens  - Merry Christmas Everyone

Enlaces

Fuente
Haile-Selassie, Y., Schwartz, G.T., Prang, T.C. et al. (2025). New finds shed light on diet and locomotion in Australopithecus deyiremeda. Nature.  Disponible en:
Para leer más 

Arizona State University.  December 12, 2025.   This 3.4 Million-Year-Old Foot Changes the Story of Human Origins.  SciTechDaily.  Disponible en:
https://scitechdaily.com/this-3-4-million-year-old-foot-changes-the-story-of-human-origins/
  
Haile-Selassie, Y., Saylor, B., Deino, A. et al. (2012). A new hominin foot from Ethiopia shows multiple Pliocene bipedal adaptations. Nature 483, 565–569.  Disponible en:
Kimbel, W. H., & Delezene, L. K. (2009).  Lucy redux: A review of research on Australopithecus afarensis. Yearbook of Physical Anthropology, 52, 2–48. Disponible en:
https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ajpa.21183 

SWI swissinfo.ch.  26 noviembre 2025.  Lucy´ coexistió con otra especie de Australopithecus, los deyiremeda.  Sociedad Suiza de Radio y Televisión.  Disponible en:  
https://www.swissinfo.ch/spa/lucy-coexisti%C3%B3-con-otra-especie-de-australopithecus%2C-los-deyiremeda/90509464   

Wood, B., & Lonergan, N. (2008). The hominin fossil record: taxa, grades and clades. Journal of anatomy, 212(4), 354–376.  Disponible en:  
Capítulos que enlazan con este:

Australopithecus deyiremeda

Ivoox:

lunes, 1 de diciembre de 2025

Australopithecus africanus un paso más sobre el puente que lleva hasta la humanidad

Hace millones de años, en los paisajes abiertos y boscosos del sur de África, caminó una criatura que llevaba en su cuerpo las huellas de un cambio profundo. No era un simio, pero tampoco un ser humano; era algo intermedio, una forma de vida que empezaba a mirar el mundo desde una nueva altura. Su andar erguido, su curiosidad y su capacidad de adaptación marcaron el comienzo de una historia que, con el tiempo, nos llevaría hasta nosotros mismos.   En una época en la que los truenos del clima moldeaban la tierra, y las sabanas se extendían bajo el sol africano, surgió una especie que guardaba en su anatomía las claves del futuro. Sus fósiles, descubiertos décadas más tarde, despertarían preguntas que aún hoy siguen resonando: ¿cuándo empezamos a ser humanos? ¿Qué nos separa de los demás primates? ¿Y qué papel jugó esta antigua criatura en el largo camino de la evolución?

Australopithecus africanus es una de las especies más emblemáticas del linaje australopitecino y ocupa un lugar crucial en la historia evolutiva humana. Vivió en el sur de África hace entre 3,3 y 2,1 millones de años, y su descubrimiento marcó un punto de inflexión en la comprensión de nuestros orígenes. Con un cuerpo adaptado tanto al bipedismo como a la trepa, A. africanus representa una forma de transición entre los australopitecos más primitivos y los primeros representantes del género Homo. Fósiles célebres como “Mrs. Ples” y "el niño de Taung" ayudaron a demostrar que la humanidad más antigua surgió en África, y no en Asia o Europa, como se creía en el siglo XX. 

Más que un simple antepasado, Australopithecus africanus simboliza una etapa clave en la evolución del comportamiento, la locomoción y la inteligencia, un puente biológico y temporal entre los simios ancestrales y los primeros humanos que, siglos después, mirarían atrás para reconocerse en él.

Este capítulo es un viaje hacia ese pasado remoto, hacia una especie que desafió las ideas establecidas y que, desde su silencio de piedra, continúa hablándonos sobre los orígenes de la humanidad. Una historia de descubrimiento, de debate y de asombro científico que comenzó hace casi un siglo, cuando los huesos de un antiguo habitante del sur de África revelaron que el linaje humano tenía raíces mucho más profundas de lo que nadie había imaginado.

Música del capítulo

Scott Buckley - A Kind Of Hope
Music For - Indian Flute Music • Yoga & Meditation • Pure Positive Vibes
Music For - AFRICAN DRUM MUSIC • Tribal Beats • Shaman Dance • Unleash your Primal Self
8 Bit Universe - Def Leppard  - Foolin [8 Bit]
FireHouse - Love of a Lifetime  

Enlaces

Almécija S. et al. (2015).  Comment on “Human-like hand use in Australopithecus africanus”.  Science 348,1101-1101D.  Disponible en:
https://www.science.org/doi/epdf/10.1126/science.aaa8414 

Arias-Martorell, J., Potau, J. M., Bello-Hellegouarch, G., & Pérez-Pérez, A. (2015). Like father, like son: assessment of the morphological affinities of A.L. 288-1 (A. afarensis), Sts 7 (A. africanus) and Omo 119-73-2718 (Australopithecus sp.) through a three-dimensional shape analysis of the shoulder joint. PloS one, 10(2), e0117408. Disponible en:
https://doi.org/10.1371/journal.pone.0117408 

Braga, J., Samir, C., Fradi, A. et al. Cochlear shape distinguishes southern African early hominin taxa with unique auditory ecologies. Sci Rep 11, 17018 (2021). Disponible en: 
https://doi.org/10.1038/s41598-021-96543-w 

Clarke R.J., Pickering T.R.,  Heaton J.L,  Kuman K. (2021). The Earliest South African Hominids.  Annual Review of Anthropology. Vol. 50:125-143  Disponible en:
https://doi.org/10.1146/annurev-anthro-091619-124837 

L. Georgiou, C.J. Dunmore, A. Bardo, L.T. Buck, J. Hublin, D.H. Pahr, D. Stratford, A. Synek, T.L. Kivell, & M.M. Skinner.   (2020).  Evidence for habitual climbing in a Pleistocene hominin in South Africa, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 117 (15) 8416-8423.  Disponible en:
https://doi.org/10.1073/pnas.1914481117 

Granger, D. E., Stratford, D., Bruxelles, L., Gibbon, R. J., Clarke, R. J., & Kuman, K. (2022). Cosmogenic nuclide dating of Australopithecus at Sterkfontein, South Africa. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 119(27), e2123516119. 
Disponible en: https://doi.org/10.1073/pnas.2123516119 

Harper, C. M., Zipfel, B., DeSilva, J. M., McNutt, E. J., Thackeray, F., & Braga, J. (2022). A new early hominin calcaneus from Kromdraai (South Africa). Journal of anatomy, 241(2), 500–517. Disponible en:
Joannes-Boyau, R., Adams, J. W., Austin, C., Arora, M., Moffat, I., Herries, A. I. R., Tonge, M. P., Benazzi, S., Evans, A. R., Kullmer, O., Wroe, S., Dosseto, A., & Fiorenza, L. (2019). Elemental signatures of Australopithecus africanus teeth reveal seasonal dietary stress. Nature, 572(7767), 112–115. Disponible en:  https://doi.org/10.1038/s41586-019-1370-5 

Jungers, W. L., Grabowski, M., Hatala, K. G., & Richmond, B. G. (2016). The evolution of body size and shape in the human career. Philosophical transactions of the Royal Society of London. Series B, Biological sciences, 371(1698), 20150247. 
Disponible en: https://doi.org/10.1098/rstb.2015.0247 

Kuljian C. Contesting a legendary legacy: A century of reflection on Raymond Dart and the Taung skull.  S Afr J Sci. 2025;121(1/2), Art. #18323. Disponible en:  https://doi.org/10.17159/sajs.2025/18323
 
McHenry, H. M., & Berger, L. R. (1998). Body proportions of Australopithecus afarensis and A. africanus and the origin of the genus Homo. Journal of human evolution, 35(1), 1–22. Disponible en: https://doi.org/10.1006/jhev.1997.0197 

Naish D.  (2023). Piltdown Man and the Dualist Contention.  Tetrapod Zoology Blog.  Disponible en:
Peterson, A., Abella, E. F., Grine, F. E., Teaford, M. F., & Ungar, P. S. (2018). Microwear textures of Australopithecus africanus and Paranthropus robustus molars in relation to paleoenvironment and diet. Journal of human evolution, 119, 42–63. Disponible en:
https://doi.org/10.1016/j.jhevol.2018.02.004 

Schroeder L, Roseman CC, Cheverud JM, Ackermann RR (2014) Characterizing the Evolutionary Path(s) to Early Homo. PLoS ONE 9(12): e114307. Disponible en:
Strait, D.S.  (2010).  The Evolutionary History of the Australopiths. Evo Edu Outreach 3, 341–352. Disponible en: https://doi.org/10.1007/s12052-010-0249-6 

Strait, D. S., Weber, G. W., Neubauer, S., Chalk, J., Richmond, B. G., Lucas, P. W., Spencer, M. A., Schrein, C., Dechow, P. C., Ross, C. F., Grosse, I. R., Wright, B. W., Constantino, P., Wood, B. A., Lawn, B., Hylander, W. L., Wang, Q., Byron, C., Slice, D. E., & Smith, A. L. (2009). The feeding biomechanics and dietary ecology of Australopithecus africanus. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 106(7), 2124–2129. Disponible en:
Štrkalj, G. (2000). Becoming a hominid: Notes on the early taxonomy of Australopithecus. Anthropological Review, 63, 31–38. Disponible en: https://doi.org/10.18778/1898-6773.63.03 

Stynder D.D.  A record of human evolution in South Africa.  Disponible en:
Thackeray J.F.  (2017). A History of Research on Human Evolution in South Africa from 1924 to 2016.  The Revue de Primatologie.  7(2016). Disponible en: 
https://journals.openedition.org/primatologie/2708 

Episodio que conecta con éste

La guerra de los cráneos: en busca del eslabón perdido

lunes, 17 de noviembre de 2025

Somos legión - Una mirada al ser colectivo - Holobiontes

Durante siglos, la biología describió la vida como una colección de individuos separados, cada uno con sus propios límites y funciones. Sin embargo, debajo de esa aparente independencia, la naturaleza siempre escondió una serie de alianzas silenciosas. Desde los líquenes, extrañas mezclas de hongos y algas que crecen sobre las rocas y árboles, hasta las raíces de las plantas y los intestinos de los animales, la vida se ha tejido a partir de asociaciones. Aun así, la ciencia tardó mucho en reconocerlo. Fue hasta bien entrado el siglo XX cuando la bióloga estadounidense Lynn Margulis desafió la idea del individuo autosuficiente. Su trabajo sobre la simbiosis y la endosimbiosis seriada reveló que los grandes cambios evolutivos podían surgir de la cooperación entre especies. En ese contexto, Margulis propuso una palabra nueva y poderosa: holobionte, un término que significa literalmente “ser vivo completo”. Con éste nombre quiso expresar que ningún organismo está solo, que cada ser es, en realidad, una comunidad de vidas que conviven y prosperan juntas.

Hoy, esa visión ha cambiado profundamente nuestra manera de entender la biología. El concepto de holobionte describe al conjunto formado por un organismo y todos los microorganismos que habitan en él: bacterias, hongos, arqueas, virus y otros compañeros diminutos que participan en su equilibrio. Estos socios invisibles determinan aspectos esenciales de la existencia, desde la digestión y la inmunidad hasta la capacidad de adaptarse al entorno. En el mar, en los bosques o dentro de nuestro propio cuerpo, cada forma de vida funciona como una red simbiótica. La biología moderna ha comenzado a ver en los holobiontes no solo sistemas ecológicos interdependientes, sino también posibles unidades evolutivas, donde la selección actúa sobre el conjunto y no sobre las partes aisladas. Comprender esto nos obliga a replantear una idea antigua: tal vez la vida no se trate de competir, sino de coexistir.

Nuestro viaje de hoy nos llevará a mirar la vida desde otro ángulo, desde ese lugar donde los límites del “yo” se vuelven difusos, y trataremos de profundizar en el hecho de que ningún ser está realmente solo, que todo organismo es en realidad una comunidad en movimiento. Los holobiontes hoy nos invitan a entender la existencia no como una lucha entre individuos, sino como una red de colaboraciones invisibles que hacen posible cada respiración, cada hoja, cada pensamiento. Comprenderlos es aprender que la vida, en su forma más profunda, siempre se conjuga en plural.

Música del capítulo

othopux – Epic Oddisey
Inspiritana music by Cale Alit - Persian Santoor 
8 BITS Music - Ringo Starr - Here's To The Nights Chiptune version
Ringo Starr - Wrack My Brain

Enlaces

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lunes, 10 de noviembre de 2025

Cuando la biología se convierte en robótica - Un viaje al mundo de los biobots


Los biobots son diminutos robots hechos con células vivas en lugar de piezas metálicas o electrónicas, capaces de moverse por sí mismos gracias a la energía natural de las propias células. No son organismos completos, sino pequeños grupos de tejido cultivados en laboratorio y diseñados para estudiar y aprovechar las capacidades biológicas del cuerpo. Su funcionamiento depende del tipo de célula empleada: algunas versiones usan células musculares que se contraen como mini motores, mientras que otras utilizan células con cilios, unos diminutos “pelitos” que baten rítmicamente y permiten el desplazamiento, como ocurre en los pulmones humanos al mover el moco. 

Esta tecnología combina biología e ingeniería para crear sistemas que se comportan como máquinas vivas, capaces de responder a su entorno y realizar movimientos coordinados, abriendo posibilidades para transportar fármacos, limpiar microcontaminantes o explorar tejidos a microescala.  Hoy en la sección Galerías del Saber vamos a revisar un artículo llamado “AggreBots: Configurando CiliaBots mediante agregación tisular modular guiada”, publicado por el investigador Dhruv Bhattaram de la Carnegie Mellon University y su equipo en 2025, presenta un enfoque innovador en la creación de biobots que se construyen usando un método llamado agregación tisular modular guiada, que consiste en organizar células de manera controlada para formar estructuras más grandes y funcionales.

Una de las características más interesantes de este enfoque es que permite construir cilios, estructuras similares a pequeños pelitos, que se utilizan para generar movimiento y coordinación dentro de estos robots biológicos.  A diferencia de los robots tradicionales de metal o plástico, estos biobots son flexibles y suaves, lo que les da una relación más natural con su entorno. La metodología descrita en el artículo detalla cómo se pueden configurar y ensamblar células para construir formas precisas, un proceso que combina conceptos de biología, ingeniería y robótica. La idea central es que a partir de unidades simples y pequeñas, se pueden crear sistemas complejos y organizados que funcionen de manera controlada.  

Nuestro viaje de hoy nos llevará a explorar este mundillo, en el cual hoy se logra la combinación de la biología con la tecnología para abrir nuevas formas de crear herramientas vivas, capaces de moverse y realizar tareas simples. 

Fuente:

Bhattaram D. et al, (2025).  AggreBots: Configuring CiliaBots through guided, modular tissue aggregation, Science Advances. 11(39).  Disponible en:
https://www.science.org/doi/epdf/10.1126/sciadv.adx4176

Enlaces


Blackiston, D., Kriegman, S., Bongard, J., & Levin, M. (2023). Biological Robots: Perspectives on an Emerging Interdisciplinary Field. Soft robotics, 10(4), 674–686. Disponible en:  https://doi.org/10.1089/soro.2022.0142
 
He, S.; Liu, S.; Li, X.; Ye, M.; Wu, H.; Song, J. (2025)  A review: exploring the designs of bio-bots. Soft Sci., 5, 5. Disponible en:  http://dx.doi.org/10.20517/ss.2024.50
 
Mostafa Essam Eissa. May 2025.   “BIOBOTS - THE FUTURE OF BIOMEDICAL ENGINEERING: A MINI REVIEW”. Universal Journal of Pharmaceutical Research, vol. 10, no. 2,   Disponible en:
https://ujpronline.com/index.php/journal/article/view/1319 

Música del capítulo

othopux - Relucting fire
Futurescapes - The Spire: Dark Atmospheric Sci Fi Ambient Music 
8BitRenditions - Don Henley - The Boys of Summer (8-Bit)
Mott the Hoople - Monte Carlo